Frente a los escépticos, agoreros de desastres, encuestadores y jacobinos, el pueblo católico de México dio una prueba contundente de fe, en el marco de la visita pastoral que realizó a nuestro país Su Santidad Benedicto XVI. Las ciudades de León y Guanajuato fueron invadidas por cientos de miles de peregrinos de la mayoría de entidades del país. Las cifras oficiales hablan que la asistencia a todos los actos ascendieron a los 3.5 millones de personas.
Muchas fueron las intentonas por minimizar, distorsionar y descarrilar la visita de Benedicto XVI, pero frente a todo ello, el pueblo católico mexicano, el segundo más importante en el mundo según lo reconoció el propio presidente Felipe Calderón con alrededor de 90 millones de católicos, salió a las calles, siguió a través de las emisiones en vivo en señales abiertas de los medios de comunicación social y en las redes sociales.
En cuestión de minutos, la etiqueta de “Benedicto XVI” se convirtió en la número uno en la lista de los temas populares en México luego de que Su Santidad llegara por primera vez a nuestro país. En medio de opiniones dividas entre los tuiteros el hashtag de el Papa alcanzó la lista en los Trending Topics inmediatamente después de su llegada a tierras de Guanajuato.
Cuando inicio su segundo gira por América Latina, en entrevista con periodistas mexicanos e internacionales que lo acompañaron de Roma a nuestro país, el Papa se refirió de alguna manera a la difícil situación que enfrenta México en materia de narcotráfico, ¨debemos hacer lo posible contra este mal destructivo para la sociedad y para nuestra juventud, diría que la primera acción es anunciar a Dios¨.
Ante los comunicadores precisó, que ¨la tarea de la Iglesia es educar las conciencias a la responsabilidad moral, desenmascarar la idolatría del dinero que esclaviza a los hombres, desenmascarar el mal y las falsas promesas, desenmascarar la mentira y la estafa que están detrás de la droga¨.
Mucho se cuestionó el verdadero propósito de su visita a México, pero él se encargó de clarificar el objetivo de su primera visita: ¨Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida¨.
Precisó que como peregrino de la esperanza, «No se entristezcan como los que no tienen esperanza» (1 Ts 4,13). La confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree. Y, sabiendo esto, se esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir.
Sí, la esperanza cambia la existencia concreta de cada hombre y cada mujer de manera real (cf. Spe salvi, 2). La esperanza apunta a «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Ap 21,1), tratando de ir haciendo palpable ya ahora algunos de sus reflejos. Además, cuando arraiga en un pueblo, cuando se comparte, se difunde como la luz que despeja las tinieblas que ofuscan y atenazan.
Este país, este Continente, está llamado a vivir la esperanza en Dios como una convicción profunda, convirtiéndola en una actitud del corazón y en un compromiso concreto de caminar juntos hacia un mundo mejor. Como ya dije en Roma, «continúen avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia».
Ya el domingo, durante el mensaje de bienvenida, el arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, expuso a Benedicto XVI que México ha “vivido en estos últimos años acontecimientos de violencia y muerte que han generado una penosa sensación de temor, impotencia y duelo”.
“Sabemos que esta dramática realidad tiene raíces perversas, que la alimenta la pobreza, la falta de opotunidades, la corrupción, la impunidad, la deficiente procuración de justicia y el cambio cultural que lleva a la convicción de que esta vida solo vale la pena para ser vivida si permite acumular bienes y poder rápidamente, sin importar sus consecuencias y su costo”
Frente a ese diagnóstico contundente de la Iglesia de México, en su homilía, el Papa llamó a los católicos a resistir la “tentación superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente” y los convocó a no replegarse en su “propio bienestar”.
Indicó que cuando se trata de la vida personal y comunitaria “no bastan las estrategias humanas para salvarnos”, especialmente “en los momentos de dolor y desesperanza por los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano”
Estos fueron algunos mensajes de Benedicto XVI a México, a un pueblo católico ávido de esperanza en medio de las crisis recurrentes y del incontrolable clima de inseguridad que priva en la mayor parte del territorio nacional, y que ha arrojado la pérdida de más de 50 mil mexicanos.
Ojalá que los políticos mexicanos que estuvieron presentes en su recepción en el aeropuerto de Guanajuato, y lo siguieron en la misa del domingo 25, incluidos los candidatos presidenciales, reflexionen sobre los mensajes que el Papa vino a traer a México y hagan que el proceso electoral del primero de julio próximo sea un punto de partida para corregir la manera como se hace política en nuestro país, y no una fecha más para aflorar enconos y enfrascarse en la búsqueda del poder por el poder mismo.
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Edición 633 (Semana del 20 al 26 de Mayo del 2013)



