Por: Miguel Á. Hernández Guerrero
La semana que concluye sin duda alguna será recordada en Durango, por la necedad de los políticos por asumir su responsabilidad en el problema de la sequía. El pasado viernes surgió la primera información lamentable, una niña de ocho años murió de un disparo en la espalda en el municipio de Mezquital cuando sustraía agua de un pozo junto a su familia y un hombre comenzó a dispararles para evitarlo. El incidente ocurrió en la comunidad la Cantimplora, de esa región indígena del estado.
Apenas el jueves 7 de junio el gobernador Jorge Herrera Caldera en el desayuno de la Libertad de Expresión, hizo una relatoría de las dificultades que se enfrentó primero para que un grupo de seis gobernadores se entrevistara con el presidente Felipe Calderón, y luego del anunció del veto de la partida extraordinaria por 15 mil millones de pesos para la sequía avalado por todas las fracciones de la Cámara de Diputados, por errores técnicos y legales en su aprobación.
Lo sucedido en la comunidad la Cantimplora, ciertamente fue resultado de una pugna entre familias indígenas por el usufructo de un pozo de agua potable para consumo humano, sin embargo, constituye una auténtica alerta para la responsabilidad ética de los políticos. Que la mayoría de las ocasiones privilegian sus intereses personales, de grupo o de partido por los de la sociedad.
Los alrededor de 400 mil duranguenses afectados por la sequía, desconocen si las autoridades de los gobiernos estatal o federal pretendan o no lucrar con su infortunio, de tal forma que lo único que desean es que las autoridades por las que votaron cumplan con su responsabilidad por salvaguardar su derecho a la vida. Ellos desconocen si sus diputados federales en su incompetencia fundaron adecuadamente o no su petición de una partida extraordinaria de 15 mil millones de pesos para la sequía.
Resulta verdaderamente lamentable, que un gobernante le dé mayor importancia a aspectos técnico-jurídicos para autorizar el ejercicio de un recurso público que no le pertenece a él sino a los más de 112 millones de mexicanos que lo aportan y lo generan día con día. Es un verdadero drama para México que a los políticos se les olvida con mucha frecuencia que son simples empleados del pueblo que los nombró a través de su voto.
Es una verdadera aberración que sólo sucede en México, que pese a que recientemente en la mayoría de las entidades del país se aprobó blindar, reconocer que no otorgar, en la Constitución el derecho a la vida desde la concepción, en los hechos se atente contra las personas por parte de la autoridad que abdica de su principio de solidaridad en apoyar a quienes han caído en desgracia por causa de la naturaleza pero también por la incompetencia de las autoridades que los gobiernan.
Es cierto, como lo afirmó la semana pasada el diputado panista Jorge Salum del Palacio que resulta un exceso afirmar del peligro de duranguenses de morir de hambre por la sequía, pero en este caso en particular, no es válido especular o tomar acciones cuando en la práctica sucedan hechos que lamentar. México se encuentra agraviado por los más de 60 mil muertos que ha arrojado el saldo de la guerra contra el crimen organizado, como para esperar que ahora se pierdan vidas por negligencias y estúpidas disputas entre los políticos.
A México le urge que la política se vea impregnada por la ética y moral de quienes la ejercen, pues solamente así se entenderá que por encima de las siglas de partido que ganen en una elección y del propio gobierno, se encuentra el bien común de todos los mexicanos.
En verdad, los más de 400 mil duranguenses afectados por la sequía no les interesa que nivel de gobierno les apoye en sus dificultades. Tampoco les interesa recibir dádivas o acciones asistencialistas. Lucrar con la sequía a cambio de votos constituye una mezquinidad, venga de donde venga la intención de hacerlo.
Los políticos, reitero, no deben olvidar que son empleados del pueblo. El debate y disputa por los recursos de la sequía han consumido en Durango lo que va del presente año y este problema no se ha solucionado. En una empresa privada, los gerentes o directores de la misma si no dan resultados por negligencia o incompetencia se les despide.
Como van las cosas, la sequía si va a ser un factor que estará presente en la mente el 1 de julio en los electores, pues constituye la oportunidad de poner en la calle a políticos incompetentes, y de llamar a otros para el cargo, con la esperanza de que ahora sí, México cuente con un gobierno humanista que tenga como prioridad y centro de su accionar a la persona.
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